Evaluación:
Comenzamos con una primera
fase donde se recogerá la información
pertinente a la naturaleza del problema. Esta
es una fase importante tanto para el psicólogo
como para el paciente. El paciente podrá
relatar su problema a otra persona que además
es un profesional en la materia, y el psicólogo
le dará alguna información inicial
sobre lo que le sucede y le ayudará en
muchas ocasiones a "normalizar" su
problema y a generar expectativas realistas
sobre la solución del mismo. Observamos
a menudo en nuestra consulta el efecto positivo
que esto tiene en los pacientes y en su motivación
para poner solución a sus problemas.
Hipótesis
o devolución de información:
A partir de la información
recogida se formará una hipótesis
sobre cómo y porqué empezó
el problema y cuales son las variables que lo
mantienen en la actualidad. Toda esta información
se pone en común con el paciente y se
fijan, de forma consensuada, los objetivos a
conseguir en la terapia. Se explica de una forma
clara al paciente como "funciona"
su problema y de qué manera se va a trabajar
para resolverlo.
Tratamiento:
En esta fase el psicólogo
guía al paciente en el aprendizaje de
las técnicas necesarias para afrontar
y solucionar su problema. La mayor parte de
la terapia transcurrirá a lo largo de
esta fase.
Seguimiento:
Cuando se ha producido
una mejora sobre los síntomas que el
paciente presentaba en un inicio, es el momento
de que éste empiece a funcionar por sí
mismo. Entre sesión y sesión el
paciente sigue poniendo en práctica las
habilidades aprendidas. El psicólogo
supervisa esta puesta en práctica y le
indica como afrontar puntualmente alguna dificultad.
Esto será importante para trabajar la
prevención de recaídas y el mantenimiento
de los logros obtenidos durante la terapia.